Durante la segunda quincena de octubre, aprovechando nuestras vacaciones, nos disponemos a recorrer, durante unos días, parte de la Cordillera de los Alpes.
En esta ocasión, volvemos a ser cuatro. Cora y Coco nos acompañan en esta aventura de casi 6000 km a través de Francia, Italia, Austria, Eslovenia y Alemania.
Montañas, lagos, bosques y paisajes únicos. Diferentes entre sí, de las altas cimas del Macizo del Mont Blanc, a los Alpes Julianos en Eslovenia, pasando por los espectaculares Alpes Dolomitas, en Italia.
Nuestra idea, no es explorar una zona y hacer mucha montaña en ella. Esta vez nos decantamos por realizar una aproximación muy general a los diferentes macizos que conforman esta impresionante cordillera.
Día 1: Oviedo- Chamonix.
El primer día de viaje, salimos de Oviedo a las 9 de la mañana. Nos separan de nuestro primer destino – el mítico Chamonix- unos 1400 km.

Nos lo tomamos con toda la calma del mundo. Si te centras en el destino, cógete un avión. Los viajes en furgo están hechos de paisajes, de carreteras, de paradas en lugares no planificados y de libertad, de mucha libertad.
Día 2: Chamonix.
A las 3 de la mañana llegamos al área de autocaravanas de Chamonix-Argentiere.
Está ubicada en un lugar privilegiado. Nos tiramos a dormir, no sin antes desconectar cualquier aparato que funcionase como despertador. Mañana toca descansar y pasear por la villa.



Pese a ser octubre y encontrarnos en el corazón de los Alpes franceses, la temperatura es muy agradable y el día invita a pasear.

Descubrimos que hay muchos turistas que vienen a hacer parapente, escalada u otro tipo de deporte de aventura. Las terrazas están llenas de gente y nadie se sorprende por vernos caminar con dos perros, de hecho en muchos de los restaurantes hay pequeños peludos. Aquí son bienvenidos.


En la imagen de abajo vemos una escultura de Michel Paccart y Jacques Balmat, los primeros que conquistaron la cima del Montblanc en 1786 (se encuentran señalando hacia esa dirección)


Día 3: Ruta Mer de Glace
Al día siguiente decidimos hacer una ruta. Encontrar una no es fácil ya que muchas de las rutas comienzan después de usar un remonte y en estas fechas en muy complicado encontrar alguno abierto. El hecho de ir con los perros no supondría ningún problema ya que los canes tienen pleno derecho de uso y disfrute de prácticamente todas las instalaciones, incluidos teleféricos.
Vemos que es posible llegar al glaciar Mer de Glace sin necesidad de ningún medio mecánico así que sin pensarlo mucho nos vamos hacia allá.
Comenzamos el camino contemplando las maravillosas casas de madera que pueblan estos lares. Nos morimos de envidia y vamos tomando nota para nuestra futura casa de madera 🙂

Comenzamos la ruta pasando por debajo de uno de los telesillas de la estación.


En la mitad del camino encontramos un refugio con un cartel que tiene un mensaje que nos hace reflexionar: «Si tu piensas que eres demasiado pequeño para marcar la diferencia, prueba a dormir con un mosquito. Dalai Lama». Estaremos de acuerdo que tiene mucha razón…


Continuamos ascendiendo vislumbrando las maravillosas vistas que este soleado día nos regala. Coco y Cora están encantados con el paseo y no dejan ni un minuto de mover el rabo, mostrando la alegría que tienen de poder disfrutar de este camino con nosotros.

Al cabo de una hora llegamos a la cumbre. En estas fechas no es posible el paso más alla de donde se aprecia en la foto de abajo. Un grupo de escolares se encuentra con el mismo problema. Si hubiéramos ido en otra fecha, podríamos haber cogido el tren cremallera que nos llevaría a unas cuevas de hielo que se encuentran al fondo del glaciar. Nos quedaremos con las ganas para la próxima vez.

Decidimos comer justo ahí. Coco y Cora también reponen fuerzas.
Tras descansar unos minutos comenzamos la bajada.


A pesar de ser Otoño y estar a una cierta altura, el día es tan caluroso que parece que estamos en pleno verano (aunque Cora preferiría que fuera pleno invierno para poder hacer la croqueta en la nieve)

A la mitad del camino nos encontramos con el tren cremallera que esta en modo mantenimiento, preparándose para la temporada de invierno.

Terminamos el día felices y listos para una nueva aventura. Ahora toca descansar.

Día 4: Viaje hacia Dolomitas
Al día siguiente emprendemos viaje hacia Dolomitas. El paso por el túnel del Montblanc de 11km nos supone un gasto de 43 euros. 
Decidimos no ir por autopistas italianas y hacer uso de las secundarias para disfrutar del paisaje. No se si lo volveríamos a hacer ya que tras 347 rotondas nos preguntamos cuando dejaremos de encontrarnos con una cada dos minutos.
Cruzamos Milán y la nube gris que la rodea. Esperamos dejar pronto atrás toda esa contaminación y descubrir aires un poco más puros.

Hacemos una parada para comer en una lengua del Laco Lecco, que es una lengua del Lago di Como. Allí Cora aprovechó para darse uno de los innumerables baños que durante el viaje tendría. Paramos a comer en un área recreativa que había frente al lago. Una rica ensalada improvisada nos dio energía para continuar con lo que iba a ser una larga jornada de furgoneta.

Continuamos camino. Nuestro objetivo era llegar a Dolomitas esa noche. Sobre las 9 de la noche empezamos a subir un puerto. Al principio no sabíamos cuál era, lo único que sabíamos es que en el GPS nos aparecía un serpenteante camino con infinitas curvas cerradas. Tras investigar un poco por internet descubrimos que es el Paso Stelvio. En la siguiente imagen podéis verlo de día.
Está situado a 2757 metros. En la cima estaba nevado. Cora con tantas curvas lo pasó realmente mal (y nosotros un poco también…)
Nos hubiera gustado haber podido disfrutar de esas vistas durante el día, seguro que el trayecto habría sido mejor que el de por la mañana en las carreteras secundarias italianas.
Tras pasar el puerto buscamos un lugar para cenar. Aparcamos y nos preparamos un arroz negro.

Tras ello continuamos camino a Dolomitas pero como se nos hace muy tarde decidimos pasar la noche en el área de autocaravanas de Bolzano. Es un lugar muy tranquilo (igual influye que esté frente a un cementerio). Ya llevamos 2300km
Día 5: Ruta Colfosco-Paso Gardena
A la mañana siguiente madrugamos para acercarnos a la localidad de Colfosco. Conforme nos acercábamos podíamos empezar a intuir el maravilloso espectáculo visual que Dolomitas nos iba a regalar los siguientes días.



Aparcamos la furgo (no sin algún que otro problema por encontrar un sitio que no estuviera prohibido) y comenzamos el camino.

Nuestro camino va en dirección a los macizos del Sella. A unos tres km podemos ver una bonita cascada de agua.

Es una zona arbolada muy bonita. A Cora la tenemos que sujetar para que no se lance al agua. Hace una mañana un poco fría aunque el cielo esta totalmente soleado.

Continuamos hasta llegar a una ferrata pero nos encontramos con un cartel indicador de que está prohibido el paso (creemos que se debe a las obras que se están haciendo en la zona). Para evitar riesgos innecesarios decidimos tomar un desvío y hacer un tramo por carretera hasta poder volver a enlazar el track original.


Seguimos caminando unos km más por zona boscosa

Continuamos el camino hasta que llegamos a los prados del Paso Gardena.

Aprovechamos una pequeña fuente para refrescarnos…


Decidimos avanzar un poco en el camino e ir hasta la Danterceppies, un telesilla que llega a lo más alto del lugar.

Como ya han pasado varias horas y tenemos un poco de hambre aprovechamos para parar a comer allí.

Coco está agotado…

Seguimos ruta atravesando el otro lado del Valle, con vistas del Macizo del Sella maravillosas. Nos volvemos a enamorar de las casas de madera que vemos por el camino.




Finalizamos el recorrido pasando por un par de refugios que en estos momentos no estaban abiertos. Nos imaginamos todo este paisaje en invierno, nevado y a nosotros dentro del refugio tomando un café calentito después de una jornada de esquí… soñar es gratis 🙂

