Llevábamos tiempo con ganas de hacer una ruta de montaña de dos o tres días en autonomía total. Es una forma distinta de acercarte a la montaña. Sin duda, el hecho de tener que cargar con agua, comida, sacos o tienda, incrementa considerablemente el peso de tu mochila. Calculo que María portaría entre 8 y 10 kg. Yo un par más.
Es innegable que dicho incremento condiciona considerablemente la distancia diaria que se puede asumir pero, para nosotros, el hecho de hacerlo así en esta ocasión, supone poner el objetivo en la propia estancia en la montaña, en el inmenso placer que supone anochecer en soledad, rodeado de cumbres y en la paz y libertad de despertarte en la naturaleza. La parte negativa es que decidimos que Coco y Cora no nos acompañasen esta vez. Por un lado las necesidades de agua por perro y día en verano supera los dos litros (es decir, 2kg ). A lo que debemos sumar comida para los dos durante tres días (unos 3kg en total). El peso sería inasumible.
Para aquellas personas que nunca hayan hecho una travesía de varios días, espero que la siguiente entrada resulte interesante y , porque no, os anime a probar la experiencia. El único peligro es no querer volver a casa.

El viernes 11 de agosto comenzamos la ruta. Al ser un día laborable empezamos a caminar a las 6 de la tarde. Por delante tenemos algo más de 35 km y la idea para el viernes es caminar un par de horas hasta la preciosa braña de Moyones y pasar nuestra primera noche allí.
El track es cortesía de nuestro buen amigo Roberto. Su conocimiento de la montaña asturiana es, sencillamente, increíble. y pese a ser un trazado hecho manualmente y no estar grabado sobre el terreno tiene una exactitud asombrosa.


El punto de partida es el Puerto de San Isidro (1521m). Dejamos el coche en el aparcamiento de las instalaciones de la estación, al lado de la carretera general.
La ruta hasta la braña discurre por senderos y praderías cómodos.




Al cabo de una hora y media llegamos a nuestro destino, con tiempo suficiente para montar la tienda, hacer la cena y disfrutar con calma de los últimos coletazos de luz.




Os recomiendo los liofilizados de la marca de Decathlon. Tienen más calidad (y sabor) que otras marcas (según los foros). La verdad, es que yo no sé como sabrán ésos que cuestan el doble, pero éstos están muy bien.
El sábado 12 amanece un día soleado. Desayunamos tranquilamente. Son las 8 de la mañana. A las 9 ya estamos en marcha.



Dejamos la braña Moyones siguiendo un sendero que asciende, con rumbo noroeste, hacia el Collado del Acebal.
Una vez superado el collado, descendemos y nos desviamos brevemente para contemplar el Lago Ubales.



Después de pasar un rato disfrutando del famoso lago (que no conocíamos) continuamos en ligero descenso por una pista que, en dirección este, nos conduce a la Majada de Mericuenia.


El camino toma rumbo norte, por Los Llanos, y posteriormente giramos 90º dirección este hasta la afamada Majada de Brañagallones.


Tras un merecido descanso, en el Refugio de Brañagallones, nos dirigimos al sur rodeando el pico El Mosquilón hasta Valdevezón.
Durante toda la jornada nos acompañan el sol y el calor. Llevamos localizadas unas cuatro fuentes durante todo el trak pero, sorpresa, ¡están todas secas!.
Tenemos que coger agua de donde podemos y potabilizarla con pastillas. Además tenemos el famoso filtro Lifestraw go.
Nunca hacemos publicidad de nada, pero os dejo el enlace del fabricante, merece la pena. Nosotros bebimos agua de sitios muy poco recomendables durante todo el fin de semana sin ningún problema. Estoy seguro que de no ser por el filtro habríamos tenido un percance serio.
Pasado Valdevezón acometemos un ascenso bastante pronunciado. Zigzageamos por La ladera hasta Collado Puerco (1698m). Desde ahí descendemos ligeramente hasta Las Morteras donde, en principio, tenemos pensado pasar la segunda noche.
Tras dudar (y descansar) durante unos minutos decidimos continuar. Lo hacemos con la incertidumbre de que, a priori, no se ve en el mapa IGN un lugar óptimo para poner la tienda.
Subimos por la ladera del Pico el Páramo (1900m) hasta la Muesca Braga. Una vez ahí debemos tomar rumbo oeste, a media ladera de la cara sur del citado pico. No hay camino, o si lo hay, está oculto entre un mar denso de «cotoyas». Así que nos abrimos paso como podemos.
Pasado el Pico la Ricalba, un poco antes de la Molía, un hermoso collado aparece ante nosotros. Es como un oasis en un desierto, pues era la única parcela llana y agradable para pasar una buena noche.



Hay un viento considerable, así que cocinamos dentro del ábside de la tienda. Tenemos escasez de agua. Sopa y un poco de fiambre como toda cena. Hoy no hay liofilizado. Tenemos que contar con el agua necesaria para desayunar y no sabemos como será la ruta al día siguiente. En todo el día de hoy, salvo en Brañagallones, no pudimos recargar agua.

El domingo 13 nos despertamos sobre las 8. El día amanece precioso, despejado por completo y el sol amenaza con zurrarnos aún más fuerte que la jornada anterior.

Un poco antes de las 9 estamos ya en marcha.

El camino discurre por un cresterío sin complicación por la parte sur de los Peñones del Violosu, Rapaona y Rapaines.




Tras pasar Les Rapaines descendemos por su cara oeste hasta encontrar un sendero que nos lleva hasta el Collado de Las Agujas.
Una vez ahí atravesamos unas praderías en dirección norte- noroeste. Los caballos y el ganado están presentes durante todo el fin de semana. Además, pudimos encontrarnos, con un par de manadas muy numerosas de rebecos el viernes antes de dormir.
Cincuenta minutos más tarde de haber pisado el Collado de las Agujas, estamos ya en la pista que nos ha de llevar de regreso a San Isidro. Forma parte de un PR. Camino de Wamba.
No tenemos ya ni gota de agua, es medio día, la pista es cómoda. (Apta incluso para vehículos TT). Transcurre rodeada de praderías y paralela al Arroyo de Los Fornos. Éste tiene aún menos agua que nosotros. La verdad es que hay una sequía enorme. Haber visto hasta cuatro fuentes secas y arroyos llenos de piedras durante el fin de semana da buena fe de ello.


Al cabo de casi una hora llegamos ya a la carretera, unos cientos de metros más abajo de donde tenemos el coche.
tenemos tanta sed que vamos fantaseando con la caña que nos vamos a tomar. Yo soy partidario de pedir 4 de una vez y María, más prudente, dice:
-«Mejor dos y luego otras dos, para que no calienten»
-¿»Tu crees que van a tener tiempo de calentar»?.
Y así, entre cañas imaginarias y apartando de nuestro lado el fantasma de que el bar de la estación pudiese estar cerrado. Llegamos al coche sobre las 14:30 de la tarde.

Al final se impuso la prudencia (o María como queráis) y pedimos dos primero y otras dos después. (al minuto y medio calculo).
Recuperados de la sed nos volvemos para casa. Contentos de haber disfrutado de un fin de semana estupendo y, con las pilas cargadas para empezar a pensar en la próxima vez.
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