Después de pasar unos días en el Parque Natural de Cazorla, me despido de Mika y de Chus y pongo rumbo al norte.
Mi primer destino será la localidad de Las Pedroñeras. Allí abandonaré mi furgo y durante los próximos tres días completaré un recorrido circular de aproximadamente 300 km por tierras manchegas. Me esperan mañanas frías y soleadas e interminables caminos de tierra para acercarme a la, para mi, gran desconocida tierra de Don Quijote.

Jueves día 10 de Noviembre. Las Pedroñeras- El Toboso.
Dificultad Técnica: Baja
Dificultad Física: Baja
Distancia: 47km
El primer día salgo de Cazorla y no llego a Las Pedroñeras hasta el medio día, por lo que me planteo pedalear tranquilamente unas cuatro horas hasta El Toboso.


Dejo la villa en dirección oeste, nada más salir me encuentro con un cartel informativo del famoso trazado. Allí mismo dejo el asfalto para tomar la pista de tierra que surge hacia la derecha. Son pistas de uso agrícola y el único tráfico que me encuentro se limita a tractores y algún vehículo tipo «pick up».
La ruta me conduce, tras un giro de 90º en dirección sur- sureste hasta uno de los humedales más conocidos de la región, la Laguna del Taray que además de suponer un accidente que rompe con la homogeneidad del terreno, es punto de encuentro para la práctica del avistamiento de aves.


Tras la Laguna, continúo mi camino hacia la población de Las Mesas, no sin antes hacer una pequeña parada para comer al borde de un campo de cultivo.


Cruzo Las Mesas y el camino continúa en dirección oeste, las pistas de tierra son interminables, tan distintas a la orografía asturiana, mires a donde mires las tierras de cultivo se pierden en un horizonte monocromo que sólo se altera con el campanario de alguna iglesia lejana.

Ante de llegar a mi destino de hoy, El Toboso, pedaleo por el borde de la impresionante (aunque sin agua) Laguna de Manjavacas.


Sobre las seis de la tarde llego a mi destino. Es un pueblo bonito, donde todo gira entorno al archiconocido personaje de Cervantes. Dulcinea del Toboso.
No tengo ningún alojamiento reservado. Así que después de informarme un poco, decido quedarme en el (como no) Hostal de Dulcinea. Está muy bien, trato agradable , limpio y 20€ la noche con desayuno. No puedo pedir más. Después de la montaña o de pedalear, las duchas siempre tienen ese valor especial que nunca les damos cuando estamos inmersos en nuestro letargo del confort diario. Es, sin duda, uno de los placeres que recuperas en los ciclo viajes.
Viernes día 11 de noviembre. Del Toboso a Ruidera.
Dificultad Técnica: Baja
Dificultad Física: Media
Distancia: 107km

Son las 8. Estoy listo para arrancar, me esperan algo más de 100 km de pistas de tierra y rincones preciosos. El día amanece despejado y frío, muy frío.
Dejo atrás la localidad de Dulcinea por una pista agrícola en dirección sur. Mi primera parada del día es Campo de Criptana.




Poco a poco el sol se hace fuerte y el horizonte se enciende. Melones, ajos, cebollas constituyen junto a sandías o azafrán los principales cultivos de esta región.
Aunque es un camino homologado por la Junta de Castilla La Mancha, a menudo utilizo pistas alternativas para poder hacer un recorrido circular adaptado al poquito tiempo que tengo. Para la navegación utilizo, al igual que en la montaña, el programa gratuito para Android: OruxMaps, ello me permite descargar previamente un mapa (Raster IGN, OpenCycleMap, Ortofoto, etc.) de forma totalmente libre y gratuita y lo que es todavía más importante, navegar en modo «offline» y no utilizar mis datos.




Llego a Campo de Criptana sobre las 10:30 de la mañana. La Población está presidida por un conjunto de 10 de los típicos molinos manchegos.
Ya en el centro del pueblo, aprovecho para tomarme un café y comer algo. Esto último nos resulta a María y a mi un poco más complicado últimamente, pues hace unos meses tomamos la decisión de hacernos vegetarianos. De hecho, en nuestra casa, hacemos una dieta vegana. pero cuando viajamos o hacemos varios día de montaña resulta prácticamente imposible y optamos por el vegetarianismo como opción más flexible y posible.
Después de un café y un croissant recién hecho ( de esos que te comerías 10) continúo mi ruta. Las pistas me llevan hacia el sur. El paisaje de hoy resulta más variado y rico que el del día anterior.


Al medio día llego a las localidad de Tomelloso y Argamasilla de Alba. Aprovecho para comer algo y no me detengo mucho.






La parte final de mi ruta de hoy, oculta también los paisajes más bonitos del día. Los interminables cultivos y los tonos marrones dejan paso a un agradable paseo que discurre paralelo al Guadiana y al Canal de Peñarroya que suministra el agua necesaria para los cultivos de la zona, y me conduce al embalse y castillo del mismo nombre. Estamos en la puerta de entrada del Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera

A las 17:00 horas, después de unas 9 horas y 107 km encima de la bicicleta llego a Ruidera.
Me alojo en el Hostal Guadiana. Los km pesan pero la jornada ha merecido la pena. Después de dar un paseo por el pueblo y cenar en el propio hostal me voy a dormir temprano, mañana será otro día.
Sábado día 12 de noviembre. De Ruidera a Las Pedroñeras.
Dificultad Técnica: Fácil/Media
Dificultad Física: Media
Distancia: 110km



(Fotos obtenidas en Google Imágenes similares a las mías)
A las 8 de la mañana estoy en marcha. La mañana, para no perder la costumbre se presenta fría y soleada. Un problema con la tarjeta me deja sin fotos de la jornada, es una lástima. El paisaje es precioso. El Parque Natural de Las Lagunas de Ruidera supone un auténtico oasis en las tierras del Quijote.
Desde Ruidera empieza un camino ascendente y de difícil ciclabilidad que no me abandona hasta la localidad de Ossa de Montiel.
La mayor parte de la jornada la paso dentro del parque disfrutando de los paisajes y de los contrastes. Una vez en Ossa, aprovecho para reponer fuerzas, comer algo y poner rumbo a Las Pedroñeras donde me esperan la furgo y el descanso.
Esta segunda parte me devuelve a las pistas agrícolas y carreteras locales interminables. Ya sólo queda pedalear y luchar contra el viento de cara.
Las fuertes pendientes, los 10kg de las alforjas, el viento y los kilómetros se suman y cuando llego a mi refugio son casi las 18:00.
Lagunas, molinos e interminables tierras de cultivo. La ruta que he hecho de algo más de 250 km me ha acercado un poco más a unas tierras desconocidas para mí.
Me queda la pena de haberlas recorrido en solitario, estoy seguro que a María le habrían encantado, pero en cualquier caso, La Mancha bien merece otra visita, quizás con una ruta más larga (visitando Daimiel por ejemplo)
Me despido con un «hasta luego» , unas piernas cansadas y pongo rumbo al Norte con unos días de montaña y bicicleta en la mochila de mis vivencias.
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