Primera parte del Camino de Santiago del Norte. Comenzamos en Hendaya (Francia) hasta Llanes (Asturias) en una semana con un total de aproximadamente 400km.
En esta ocasión Cora y Coco no nos pudieron acompañar y nosotros cambiamos el «lujo» de nuestra furgo por las bicis y las alforjas.
Yo ya había realizado el Camino Francés desde Roncesvalles, pero para María era su primera cicloruta.
Camino duro, muy duro, el adjetivo que lo definiría es «rompepiernas» y en más de una ocasión el sentido común aconseja abandonar el trazado pensado para los peregrinos a pie por plácidas (o no) carreteras secundarias
Otra cuestión a tener en cuenta es el cuándo. Nosotros nos vimos obligados a hacerlo en pleno mes de agosto, lo cual resultó una pésima idea ( de ahí lo de terminar en Llanes). Es verdad que disfrutamos mucho y el camino aporta siempre paisajes, gentes y momentos inolvidables, pero una de las ventajas del cicloturismo es la sensación de nomadismo, de libertad, y para que ésta sea completa es preferible escoger otro mes donde el poder dormir no se convierta en la odisea del día.

Como toda aventura que se precie, la ilusión y los preparativos comienzan mucho antes del primer paso o de la primera pedalada, empiezan en nuestra cabeza, es ahí donde van tomando forma hasta que llega ese día en que se hacen realidad.
En total algo más de 20kg de equipaje donde no podía faltar una tienda tipo vivac, sacos de dormir, hornillo de propano y todo lo necesario para poder ser lo más autónomos posible.
Día 0: Hendaya-Hondarribia.
El primer día lo denominamos día cero, ya que, salimos a las 7 de la mañana de Asturias con nuestros amigos Bego y Sergio que nos hicieron el enorme favor de acompañarnos a nosotros y nuestras bicis hasta el punto de partida. La alternativa se traduce en muchas horas de autobus o en alquilar una furgo que sólo se puede devolver en el aeropuerto de San Sebastián por lo que el poder empezar así es de agradecer. Gracias chicos! 😉



Después de llegar a Irún, tuvimos que esperar a que abriese sus puertas el albergue para hacernos con la credencial correspondiente, la idea inicial era pasar la noche allí y comenzar al día siguiente. Sinceramente el de Irún no es el albergue con más encanto del camino, así que hicimos esta etapa cero hasta un camping que había cerca de Hondarribia y pasamos nuestra primera noche en el vivac.
Día 1: Hondarribia-Orio.


El primer día «serio» de viaje comienza lluvioso pero con buena temperatura. Por delante teníamos el monte Jaizkibel, el Santuario de Guadalupe o el cruce en lancha desde Pasajes de San Juan.

Las flechas amarillas nos guiarán durante todo el viaje.



En Pasajes de San Juan nos paramos a meternos un «tentempié» antes de cruzar a Pasajes de San Pedro.

San Sebastián es final de etapa para muchos peregrinos, nosotros tendemos a evitar las poblaciones grandes para dormir, nos detenemos a caminar por el paseo de la playa y nos hacemos con unas conchas que nos acompañarán hasta Llanes.

Al cabo de un buen rato llegamos a la población costera de Orio. Comemos algo y hacemos noche en un camping que está al lado de la playa.


Buena noche, así que optamos por no montar nuestro pequeño vivac, no hay nada comparable con dormir al aire libre, eso sí, hay que tener en cuenta que no está permitido. Nuestra idea inicial era acampar por nuestra cuenta, pero el Camino de la Costa en pleno mes de agosto no es la mejor elección para poder hacerlo.
Día 2: Orio-Bolivar.


Saliendo de Orio hacia Zarautz.


La foto delante del restaurante de Carlos Arguiñano es obligada en Zarautz. Desde aquí continuamos hasta Getaria.

En Getaria.

Desde Getaria continuamos dirección oeste hasta Zumaia, donde nos paramos a reponer fuerzas. Estamos en plena temporada, la localidad está a rebosar de gente.
A partir de aquí iniciamos el ascenso hacia Itziar, para posteriormente llegar a la localidad de Deba.


En Deba aprovecho para darme un buen baño en la playa, pequeños placeres.
A partir de aquí, siguiendo la recomendación de la guía escrita por el Capitán Pedales (Juanjo Alonso) escogemos la opción de ir por carretera para evitar un tramo inciclable y, de paso, visitar la bonita villa de Mutriku.

Mutriku.

Ondarroa.


De Mutriku llegamos a Ondarroa y posteriormente llegamos a nuestro destino de hoy, Bolívar. De Bolívar parte una carretera que sube al monasterio de Zenarruza y a nuestro albergue, Ziortza (un caserío del siglo XVII).
Se agradece dormir en una cama y el ambiente genial, muy recomendable.
Día 3: Bolívar-Larrabetzu.

Salimos del albergue de Bolívar por unas pistas muy agradables y ciclables en casi su totalidad, nos dirigimos a Munitibar.

Dirección a Gernika donde paramos a comer, día de mucho calor (30º) y mucho asfalto, a la salida de Gernika cogemos mal un desvío y después de 40′ de subida por una nacional con un tráfico infernal nos damos cuenta del error y una pareja de ciclistas de carretera nos indican de nuevo la buena dirección para llegar a nuestro destino de hoy. Larrabetzu.

Estamos agotados, el calor, los kilómetros y desnivel extra se cobran su factura, además empezamos a vislumbrar la que, a la postre, se convertiría en la dificultad mayor de todo el camino. La falta total de alojamientos, literas, plazas de camping etc. El comentario generalizado de la gente del lugar es que este año el Camino del Norte había superado todas las expectativas. Se encontraban desbordados. El albergue era en realidad el colegio habilitado a tal fin durante los meses estivales.
Día 4: Larrabetzu-Castro Urdiales.

Esta jornada, recuperadas las fuerzas, nos despertamos temprano. A las 07:30 estábamos en la bici dirección Lezama. Utilizando nuestros teléfono y Google Maps atravesamos los polígonos industriales, de Lezama a Las Arenas, rodeamos Bilbao y directos al puente que nos dejaría ya en Portugalete.

En Portugalete aprovechamos una rampas mecánicas que nos dejarían en la parte alta de la ciudad y desde allí tomamos un bidegorri (carril bici) que tras una espectacular bajada nos dejaría en La Arena.

En la playa de La Arena nos encontramos con unos bicigrinos italianos que empezaban en dicha localidad su particular Camino del Norte.
Desde aquí hasta Castro nos esperan pendientes del 11% y un cielo que amenaza tormenta.

A la salida de Castro, en la parte alta está el albergue, es bonito pero tiene sólo 16 plazas. Cuando llegamos todavía está cerrado (suelen abrir todos sobre las 16:30) y ya hay muchos peregrinos esperando, además, cabe recordar que los peregrinos a pie tienen preferencia a la hora de obtener la tan preciada litera, nos tememos lo peor y así es.
Pasamos la noche en medio de una tormenta en una de las tiendas de campaña que estaban instaladas en el jardín.
Día 5: Castro Urdiales-Güemes.

Salimos temprano de Castro, afortunadamente la lluvia decide abandonarnos.
Nuestra primera parada es Laredo, donde seguimos hacia la punta más occidental para coger el barco que nos ha de dejar en Santoña. Esta es la primera etapa 100% cántabra y el camino se hace menos duro en lo que al desnivel se refiere.





Desde Santoña abandonamos la línea costera, giramos hacia el suroeste para dirigirnos a Güemes que tiene fama de poseer el mejor albergue de todo el Camino de Norte. El albergue La Cabaña del Abuelo Peuto. Es bonito, acogedor y regentado por el Padre Ernesto y otros voluntarios, dan de comer y de cenar a todo peregrino, te dan cama y se niegan a pedir un pago o estipular cuantía alguna, se paga la voluntad, antes de cenar el Padre Ernesto imparte una pequeña charla cuyos temas van variando, el día que estuvimos nosotros trataba acerca de la sostenibilidad del camino y de la co-responsabilidad del caminante.
Es muy muy recomendable hospedarse aquí.
Día 6: Güemes-Cóbreces

En Larrabetzu un poco más tarde que nosotros llegaron tres bicigrinos de Madrid. Juanlu, Sandra y Marta. Desde ese día volvimos a coincidir en varios tramos y albergues, en Castro coincidimos y en Güemes compartimos una habitación de 6 literas con ellos. El ir encontrándote con personas de todas las partes del mundo es, sin duda, uno de los mayores atractivos del camino.
Desde Güemes hasta Somo donde cogeremos otro barco que nos dejará en Santander, no sin antes parar en Somo a desayunar y a contemplar su preciosa playa, lugar famoso por las innumerables escuelas de surf que tiene.



En el barco de Somo a Santander.



De Santander a Santillana nos lo tomamos con calma, rodando por apacibles caminos y carreteras secundarias, una parte muy agradable, sin duda los desniveles del País Vasco son más exigentes y la parte cántabra se revela mucho más rodadora.


En Santillana del Mar apenas nos detenemos a sellar la credencial y continuamos, porque tanto María como yo lo conocíamos. La idea inicial era llegar a Comillas, pero no había ni un sólo alojamiento en ninguna población desde Santillana para aquella noche. Al final poniendo cara de pena y viendo la pinta que llevábamos, la chica de la recepción de un camping en Cóbreces nos dejó poner los vivacs en una esquina (estaban completos).
Acampamos junto a nuestros compañeros de Madrid y lo mejor de todo fue el baño que nos metimos en la piscina del cámping, después de todo el día pedaleando con un calor de justicia fue un auténtico lujo.
Día 7: Cóbreces-Colombres.




El día amanece despejado, amenaza con hacer mucho calor, así que nos lo tomamos con calma. Al poco de salir llegamos a Comillas. Aquí nos detenemos a hacer un recorrido por la villa y aprovechamos para hacer algo de compra para la hora de comer.

A unos 11 km de Comillas nos recibe San Vicente de la Barquera. El día espectacular, el sol apretaba con fuerza ya. En San Vicente nos paramos a descansar un poco, puesto que la siguiente parada y final de la jornada iba a ser Colombres.

A mitad de la empinada rampa que conduce desde Unquera a Colombres encontramos una mesa, y un poco de sombra y sin dudarlo nos tiramos como quien se tira en una piscina. Una imagen vale más que mil palabras, la verdad es que en Unquera perdimos el camino bueno y subimos por una pista de cemento hasta que no quedaba paso, cansados y frustrados dimos media vuelta hasta la salida de Unquera para, esta vez si, coger la carretera que subía a Colombres. El termómetro marca 37º.


En el albergue sólo quedaban habitaciones individuales, curiosamente a buen precio, así que, no lo dudamos ni por un segundo. En aquel momento nos pareció el Hilton de Colombres.



Completamos el día con una merecida ducha, un paseo y un «homenaje» en el mejor restaurante mexicano en el que habíamos estado.
Día 8: Colombres-Llanes

El último día fue uno de los más bonitos, al poco de salir de Colombres, llegamos a la localidad de Buelna, donde cogemos la senda costera que habría de dejarnos en Llanes.
En estos momentos no teníamos claro donde íbamos a dormir la siguiente noche, pero la hospitalera de Colombres nos había advertido acerca de la total ocupación que nos encontraríamos.
La idea inicial siempre fue llegar a Santiago, pues teníamos todavía unos días por delante, pero cuando a uno le piden 180€ por una habitación de hostal a una hora en coche de tu propia casa….En fin, lo dicho, agosto nunca más, para quienes queremos viajar, conocer, aprender, es un mes horrible.
Así que disfrutamos de una jornada preciosa por la costa oriental asturiana.











En la oficina de turismo de Llanes, ponemos el último sello de esta primera etapa del Camino del Norte. Atrás quedan los 400 km de carreteras y pistas, de acantilados y bosques, de playas y villas.
Volveremos aquí, a esta oficina y retomaremos el Camino del Norte, no sé cuando será, pero sí sé una cosa. No será en agosto.
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