Distancia: 11km
Desnivel: 950 m
Dificultad Técnica: Baja
Dificultad Física: Media
Subida a Peña Mea (1557m) desde Pelúgano. En esta ocasión nos acompañan Juanjo, Montse, grandes amigos desde hace muchos años y Mika y Feli (Los Infernales) con los que, estoy seguro, haremos muchas más cumbres.
Situada en el cordal del Retriñón entre los concejos de Aller y Laviana. Se puede subir desde Les Campes en Laviana o desde Pelúgano (Aller). Nosotros optamos por esta última.
El día amaneció nublado, Montse y Juanjo habían ido a dormir a Pelúgano con la furgo el sábado, pero nosotros decidimos acercarnos directamente el domingo.
Cuando llegamos al pueblo, los infernales, Juanjo y Montse ya estaban listos. El día prometía darnos una tregua lo suficientemente amplia para disfrutar de la que es, sin duda, una de las cumbres más emblemáticas de la región y una asignatura pendiente que no podía esperar más.


Pronto abandonamos la comodidad del camino, a la vez que los desniveles se hacían más severos, no en balde, en unos 11 km deberemos superar casi 1000m.

Después de una empinada ascensión por la Canal de Las Cuevas nos esperaba majestuoso el Ojo de Buey.

La parte más dura de la subida ya estaba superada, desde el Ojo de Buey la ascensión se hace más llevadera y poco a poco nos aproximamos a la cumbre, el día está despejado y durante toda la ruta podemos disfrutar de unas vistas que, estoy seguro, han tenido mucho que ver en convertir a Peña Mea en una de las más famosas montañas de nuestra tierra.

Coco y Cora, como de costumbre, multiplicaron por tres o cuatro nuestros pasos, corriendo arriba y abajo como si el cansancio fuese algo que no va con ellos o quizás esa explosión de olores que ofrece la naturaleza los convierte en los seres más felices de la tierra.


AL final, la cumbre.


Esta vez la montaña se dejó subir y las vistas, que llevaban toda la ruta amenazando con ser increíbles en la cima, no defraudaron.

¿Confidencias entre amigos? Creo que Feli quería saber el secreto de subir tan rápido.

Ya de regreso a Pelúgano, no sin antes mojarnos un poco, aunque al final la tormenta se quedó en un susto.
En definitiva, un buen día en la montaña.
¡Prometemos volver!
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